La brecha entre cifras y realidad: el desafío de la seguridad en Villavicencio

Durante el primer trimestre de 2026, la seguridad en Villavicencio vuelve a posicionarse como una de las principales preocupaciones ciudadanas. Aunque las autoridades municipales han destacado en los últimos días avances operativos, las cifras más recientes evidencian una realidad más compleja, marcada por incrementos en delitos de alto impacto y una percepción creciente de inseguridad.

De acuerdo con cifras de la Policía Nacional de Colombia, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y reportes consolidados del Ministerio de Defensa Nacional, entre enero y marzo de 2026 se evidencian cambios significativos frente al mismo periodo de 2025:

  • Extorsión: creció de 62 a 83 casos, un aumento del 33,9%
  • Hurto a residencias: subió de 182 a 218 casos (+19,8%)
  • Muertes violentas: pasaron de 91 a 104 casos (+14,3%)
  • Hurto a personas: aumentó de 1.298 a 1.431 casos (+10,2%)

Estos delitos son especialmente sensibles porque afectan directamente la vida cotidiana, la tranquilidad en los hogares y la actividad económica. Por ello, son considerados de alto impacto, especialmente la extorsión y el hurto. En contraste, algunos indicadores muestran reducciones que no compensan el impacto de los delitos que más inciden en la percepción ciudadana:

  • Hurto a vehículos: bajó 50% (de 8 a 4 casos)
  • Hurto a comercio: cayó 22,3% (de 166 a 129 casos)
  • Hurto a motocicletas: disminuyó 6,3% (de 208 a 195 casos)
  • Homicidio: se redujo levemente 4,7% (de 43 a 41 casos)

En conjunto, los delitos de alto impacto (extorsión, hurtos y homicidios) pasaron de 1.967 casos en el primer trimestre de 2025 a 2.095 en el mismo periodo de 2026, lo que representa un aumento del 6,5%. A pesar de ello, en medios locales las autoridades han destacado capturas, operativos y reducciones puntuales como evidencia de una mejora en la seguridad.

Este enfoque, centrado en resultados operativos y comparaciones selectivas, presenta al menos tres problemas; 1. Prioriza los delitos que muestran reducción, mientras minimiza aquellos que están creciendo, como la extorsión y el hurto a personas, 2. Desconoce que, para el ciudadano promedio, el aumento en robos y extorsiones pesa más que la disminución en otros delitos, y 3. No visibiliza suficientemente los puntos críticos o barrios con mayor deterioro en seguridad, lo que limita la capacidad de la ciudadanía para anticipar y mitigar riesgos.

El incremento en delitos como el hurto a personas, el hurto a residencias y la extorsión tiene un efecto directo en la percepción de seguridad. Se traduce en una mayor sensación de vulnerabilidad en el espacio público, desconfianza en la capacidad institucional y cambios en los hábitos cotidianos, como la restricción de horarios, la movilidad y el consumo. Esto termina afectando la tranquilidad de los ciudadanos, turistas y el comercio en general, por lo que aunque algunos delitos disminuyen, la experiencia urbana deteriora la calidad de vida de los villavicenses.

Los datos del primer trimestre de 2026 sugieren que Villavicencio enfrenta un desafío estructural más que coyuntural: crecimiento de economías ilegales (extorsión), persistencia de delitos en espacio público (hurto a personas) y limitaciones en prevención y control urbano. Esto indica que no se trata solo de más operativos, sino de una estrategia integral de seguridad que hoy no resulta evidente para la ciudadanía.

En este contexto, las últimas administraciones han mantenido un enfoque tradicional basado en la construcción de Centros de Atención Inmediata – CAI y la entrega de vehículos y equipamiento como estrategia central para el fortalecimiento institucional. Sin embargo, la incorporación de tecnología —clave en los sistemas de seguridad de los principales centros urbanos del mundo— sigue siendo marginal, lo que limita la capacidad de respuesta frente a las nuevas dinámicas delictivas. No se debe desconocer que la Policía Nacional hace su mejor esfuerzo para garantizar la seguridad ciudadana. Sin embargo, sin las herramientas adecuadas dificilmente se puede avanzar en este propósito.

En conclusión, Villavicencio no está entre las ciudades más inseguras del país, pero tampoco entre las más seguras. Se encuentra en un punto intermedio, con señales claras de retroceso. Negar o maquillar esta realidad no resuelve el problema; por el contrario, retrasa las decisiones que se requieren con urgencia. Sin liderazgo, focalización territorial y una política de seguridad coherente con la realidad —con tecnología de punta e inteligencia policial como eje central de la lucha contra la delincuencia común y el crimen organizado—, dificilmente recuperaremos la confianza ciudadana. No olvidar que la inversión social, la reducción de la pobreza y el hambre y la generación de oportunidades para los jóvenes, son factores determinantes para una mejor convivencia ciudadana.

¿Considera que la seguridad ciudadana en Villavicencio ha mejorado o empeorado en el primer trimestre de 2026? y ¿Cualés deben ser las prioridades de la institucionalidad en pro de la mejora de la seguridad en Villavicencio?

Entre buenas cifras y malas realidades: El panorama del empleo en Villavicencio

Villavicencio continúa entre las ciudades capitales con menor tasa de desempleo del país, aunque la informalidad laboral sigue siendo significativamente superior al promedio de las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas. De acuerdo con las cifras del DANE, la tasa de desocupación en Villavicencio pasó de 9,0% en el primer trimestre de 2025 a 8,0% en el mismo periodo de 2026, siguiendo la tendencia nacional (que cayó del 10,5% al 9,6%). Asimismo, en materia de informalidad laboral, la ciudad presentó una mejora al disminuir de 53,6% a 51,4% (-2,2 puntos porcentuales). De igual forma, el desempleo juvenil también registró una reducción de 2,9 puntos porcentuales, al pasar de 15,2% a 12,3% en el mismo periodo.

Aunque a primera vista estos resultados podrían interpretarse como una señal clara de mayor dinamismo del mercado laboral local, al observar con mayor detalle las cifras aparecen matices que no deben ignorarse. El problema de fondo no es solo cuántos nuevos empleos se están generando, sino cuál es la calidad de estos empleos. En el último año se generaron cerca de 14 mil nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, más de la mitad de estos se concentraron en actividades relacionadas con la administración pública, la educación y la salud. Sectores que, si bien son fundamentales para la ciudad, dependen en gran medida del gasto público y de decisiones institucionales. Esto plantea una pregunta necesaria: ¿estamos fortaleciendo un tejido productivo sostenible o simplemente ampliando una economía altamente dependiente del gasto público?

Villavicencio enfrenta una paradoja: mejores cifras de desempleo, pero persistentes debilidades estructurales en su mercado laboral.

Al mismo tiempo, sectores estratégicos para la generación de empleo urbano, como la construcción y las actividades inmobiliarias, muestran señales claras de debilitamiento, con una pérdida acumulada de cerca de 3 mil puestos de trabajo en el último año. La ausencia de obras de infraestructura pública, la desaceleración de los proyectos de vivienda de interés social y una menor inversión privada en el sector inmobiliario se traducen en menos oportunidades de empleo formal y de calidad.

A esto se suma un fenómeno que suele pasar desapercibido: cada vez más personas están trabajando, pero no en las condiciones deseadas. La subocupación creció cerca de un 30% en el último año. Actualmente, alrededor de 26 mil villavicenses trabajan menos horas de las que requieren para garantizar niveles de vida adecuado o se desempeñan en empleos que no corresponden a sus competencias. Detrás de este dato hay miles de historias reales: profesionales conduciendo, técnicos subutilizados y jóvenes aceptando cualquier ingreso disponible que les permita subsistir.

Aún más preocupante es el crecimiento de la fuerza de trabajo potencial que aumentó cerca de un 63%, al pasar de 8 mil personas en el primer trimestre de 2025 a 13 mil en el mismo periodo de 2026. Es decir, personas que podrían y quieren trabajar, pero que han dejado de buscar empleo activamente porque perciben que las condiciones del mercado laboral no son favorables. Este indicador es un termómetro claro de la desconfianza de los ciudadanos en la calidad del empleo disponible.

Y, por supuesto, está el elefante en la habitación: la informalidad. Aunque la tasa disminuyó ligeramente, en términos absolutos hay más personas en la informalidad. Actualmente, de las 255 mil personas ocupadas en Villavicencio, cerca de 131 mil se encuentran en esta condición, es decir, dos mil más que el año anterior. Esto implica que el crecimiento del empleo sigue siendo, en buena medida, de baja calidad. No solo significa menor estabilidad e ingresos, sino también menor acceso a la seguridad social y mayor vulnerabilidad económica para miles de hogares.

Celebrar la reducción del desempleo es válido, pero quedarnos ahí sería, en el mejor de los casos, ingenuo. Como ciudad, necesitamos liderazgo. Un liderazgo que entienda que el empleo debe ser sinónimo de calidad de vida para las familias; que promueva la articulación entre el sector público, el sector privado y la academia; y que impulse proyectos estratégicos de infraestructura, vivienda y nuevas apuestas productivas como verdaderos motores de generación de empleo.

El verdadero desafío está en transformar la estructura productiva local, dinamizar sectores estratégicos y generar empleo formal, estable y de calidad. Porque, al final, no se trata solo de tener trabajo, sino de que este permita construir bienestar, estabilidad y futuro para las familias. Y en ese frente, Villavicencio aún tiene una gran tarea pendiente.

Crisis social en el Meta: Aumenta la pobreza y disminuyen las oportunidades

La Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2025, elaborada por el DANE, evidencia una grave crisis social en el departamento del Meta que se ha agudizado en el último año. Este deterioro responde al incremento en el costo de vida, la inestabilidad en el ingreso de las familias por las altas tasas de informalidad laboral y la carencia de políticas públicas que garanticen la inclusión económica y social de los más de 142 mil metenses excluidos de los beneficios del desarrollo. Los recursos de regalias no están impactando los hogares de los más necesitados, evidenciando deficiencias en la gestión del presupuesto público por parte de una clase dirigente que por su avaricia y codicia por los bienes terrenales, condena a miles de familias a la pobreza, el hambre y la exclusión.

Las familias con vivienda propia cuentan con una ventaja estratégica sobre aquellas que deben destinar una importante parte de sus ingresos al pago de alquileres, lo que reduce drásticamente su capacidad de consumo. Actualmente, el Meta ocupa la primera posición a nivel nacional en proporción de hogares que viven en arriendo (47,9%). Mientras el déficit habitacional en el país mejora, en el Meta se disparó del 28,2% al 33,4%. Esto significa que más de 134 mil hogares sufren algún tipo de privación de vivienda. Para cerrar esta brecha, se requiere la construcción de 37 mil viviendas nuevas y el mejoramiento de otras 97 mil. Además, la precariedad en servicios básicos es alarmante: 65 mil hogares carecen de agua mejorada y 37 mil no tienen alcantarillado.

La propiedad de vivienda en el Meta ha caído del 40,8% al 34,1% entre 2018 y 2025 afectando profundamente la calidad de vida y la sensación de bienestar. Entre 2024 y 2025, el porcentaje de jefes de hogar que se consideran pobres saltó del 20,4% al 25,1%. Este incremento del 23% en la percepción de pobreza contrasta con la reducción del 7% a nivel nacional. Mientras que en 21 de los 32 departamentos del país diminuyó el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) en el último año, en el Meta creció un 18%, siendo el Meta el departamento líder en incremento de la pobreza. Asimismo, la percepción de seguridad en barrios y veredas cayó del 82,9% al 80,7%. En salud, la afiliación al régimen contributivo bajó al 41,5%, reflejando una informalidad laboral que alcanza el 74,5% en cascos urbanos y un crítico 82% en la zona rural.

El futuro de la juventud metense enfrenta barreras críticas. La asistencia escolar en jóvenes de 17 a 21 años bajó al 41,4%, cifra muy inferior al promedio nacional (48,4%). Mientras Colombia mejora en acceso a educación superior, el Meta retrocedió al 32,1%. Urge crear oportunidades reales para que nuestros jóvenes no abandonen las aulas; de lo contrario, seguirán siendo un blanco fácil para los grupos armados irregulares y la delincuencia común.

A pesar de este desalentador panorama, el departamento muestra avances en tecnología. El acceso a internet en hogares subió al 78,8%, superando el promedio nacional (73,9%). El uso de internet en mayores de 5 años llegó al 84,4%, gracias a la competencia entre los diferentes operadores, lo que se traduce en menores tarifas de conectividad. Sin embargo, existe una brecha enorme entre contar con internet para el consumo (redes sociales y entretenimiento) y usarlo como herramienta productiva para mejorar las condiciones de vida de la población.

¿A dónde van nuestras regalías? El alarmante salto en pobreza multidimensional en el Meta

El pasado 14 de abril de 2026, el DANE publicó los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida (ECV 2025), la cual mide de manera objetiva los avances y retos de las regiones en torno a la pobreza y las condiciones de vida de los ciudadanos. El país recibió una noticia alentadora: la Incidencia de Pobreza Multidimensional (IPM) a nivel nacional descendió -1,6 puntos porcentuales (p.p.), pasando del 11,5% al 9,9% en el último año. Sin embargo, mientras Colombia avanza, el departamento del Meta parece ir en contravía con un crecimiento en el índice de pobreza de +1,9 p.p., enfrentando un panorama social que exige explicaciones urgentes por parte de nuestros dirigentes.

Infortunadamente, el Meta sufrió un retroceso significativo en su lucha contra la desigualdad, registrando un incremento del 18% en el IPM, que escaló del 10,4% al 12,3% en el periodo 2024-2025. El impacto más crítico se observa en la zona rural, donde la pobreza saltó del 18,2% al 26,4%; un aumento devastador de +8,2 puntos. Esto implica que el departamento sumó +23 mil nuevos pobres en tan solo un año, alcanzando un total de 142 mil personas en dicha condición. Además, quienes ya eran pobres se hicieron aún más pobres, pues la intensidad de sus privaciones subió del 39,4% al 41%.

Los mayores retrocesos se concentraron en necesidades básicas insatisfechas: la falta de acceso a agua mejorada creció +6,6 p.p. y la inadecuada eliminación de excretas subió +4,8 p.p. Asimismo, las barreras de acceso a servicios de salud y el hacinamiento crítico aumentaron considerablemente. En el ámbito laboral, la informalidad subió +3,5 p.p., mientras que indicadores sensibles como el trabajo infantil y la inasistencia escolar también mostraron importantes deterioros. Como contraparte, las únicas mejoras notables se dieron en rezago escolar (-3,0 p.p.) y desempleo de larga duración (-1,3 p.p.), este último explicado por el incremento en la informalidad laboral.

Un análisis más detallado de las estadísticas revela datos alarmantes: el número de personas con barreras de acceso a la salud se triplicó, pasando del 1,9% al 6,4% en el último año. En cuanto al saneamiento, la eliminación inadecuada de excretas se duplicó en el mismo periodo. Por otro lado, aunque el rezago escolar mejoró un 13%, las cifras siguen siendo inaceptables, afectando al 19% de los niños, niñas y adolescentes en zonas urbanas y al 26,9% en zona rural. Finalmente, la informalidad laboral no da tregua, alcanzando el 74,5% en las cabeceras municipales (+4,2 p.p.) y un 82% en el sector rural (+0,5 p.p.).

El Meta hoy destaca negativamente entre los cuatro departamentos con mayores tasas de trabajo infantil en el país, cifra que se duplicó en los cascos urbanos en el último año. En términos de salud, el panorama es igual de sombrío: somos uno de los cuatro departamentos con más barreras de acceso y ocupamos la tercera posición nacional en falta de aseguramiento en salud, superados solo por Arauca y Guainía. Esta desprotección es especialmente grave en el área rural, donde la población sin seguro creció del 8,8% al 16% en tan solo un año, en buena medida explicada por los altos índices de informalidad laboral y la falta de presencia del Estado en zonas apartadas.

Ante este lamentable panorama, surgen interrogantes que la Administración Departamental no puede evitar: ¿Cómo explicar que uno de los departamentos más ricos de Colombia registre este crecimiento acelerado de la pobreza en contravía de la tendencia nacional? ¿Por qué los más de $1,8 billones de regalías petroleras por bienio no están impactando en la calidad de vida de los metenses? ¿Qué pasará cuando se agoten las rentas petroleras y, por ende, se reduzca el presupuesto de inversión de manera significativa? ¿El Plan de Desarrollo Departamental tiene problemas de ejecución o de impacto? La falta de control político por parte de la Asamblea Departamental y la responsabilidad ciudadana al elegir a sus gobernantes son temas que hoy, más que nunca, deben ponerse sobre la mesa.

Evolución del mercado laboral en Villavicencio 2015-2025: la burocracia crece y la industria se estanca

Pese a su crecimiento demográfico e importantes recursos invertidos en desarrollo económico, Villavicencio enfrenta un preocupante estancamiento de su aparato productivo dado que el grueso de la economía local se basa en la intermediación y el consumo más que en la producción y transformación, lo que limita la generación de riqueza y la movilidad social. El mercado laboral es estructuralmente débil y se caracteriza por su escaso valor agregado, bajos salarios y alta informalidad. El Comercio y reparación de vehículos sigue siendo el empleador número uno con cerca de 64 mil personas ocupadas, seguido por la Administración pública, salud y educación con 36 mil puestos de trabajo. De acuerdo a las cifras del DANE en la última década (2015-2025) la ciudad sumó cerca de 66 mil personas en edad de trabajar y se crearon tan solo 35 mil nuevos puestos de trabajo, el 87% de ellos se concentra en el sector terciario de la economía (comercio y servicios).

A pesar de nuestra vocación agroindustrial, el sector agropecuario y la industria manufacturera aportaron tan solo 1.700 puestos de trabajo, es decir, menos del 5% del total de los nuevos empleos generados en los últimos 10 años. Paradójicamente, la Administración Pública, defensa, educación y salud generó en el mismo periodo cerca de 5.400 nuevos puestos de trabajo (15%), lo que representan una carga fiscal excesiva dado que los ingresos públicos no crecen al mismo ritmo de los gastos de funcionamiento, limitando la capacidad de inversión en proyectos estratégicos para el desarrollo. Adicionalmente, los ciudadanos perciben que la seguridad ciudadana, la oferta de servicios de salud, educación y la calidad en la prestación de los servicios públicos domiciliarios se han deteriorado, por lo que el incremento de la burocracia no se traduce en una administración pública más eficiente.

Villavicencio no tiene un problema de desempleo, tiene un problema de calidad del empleo. El mercado laboral de la ciudad es precario, poco dinámico y de baja productividad.

El empleo en la industria manufacturera se caracteriza por su bajo dinamismo a pesar de ser un sector de especial relevancia por su aporte significativo en la generación de riqueza. La Secretaría de Competitividad y Desarrollo de Villavicencio ha ejecutado recursos por más de $100 mil millones en la última década, sin que los resultados en términos de transformación del aparato productivo, diversificación de la canasta exportadora, consolidación de un ecosistema emprendedor o formalización del empleo sean evidentes. Si a lo anterior le sumamos los esfuerzos de la Cámara de Comercio de Villavicencio, el SENA, Ecopetrol, la Secretaría de Competitividad y Desarrollo departamental, así como los programas del gobierno nacional, la cooperación internacional e incluso, las iniciativas de proyección social de las universidades, podríamos decir que la falta de integralidad en las intervenciones no ha generado un impacto significativo en el tejido empresarial local.

Las disparidades en el crecimiento del empleo en la industria manufacturera, frente al empleo público, nos obliga a repensar el camino que debe seguir la ciudad en términos de desarrollo de su mercado laboral y el tamaño del Estado. Como se puede observar, el sector terciario ocupa el 81% de la fuerza de trabajo y genera el 70% del Producto Interno Bruto – PIB local. Sin embargo, el Índice de Competitividad de Ciudades – ICC 2025 revela que Villavicencio ocupa la penúltima posición (puesto 31 de 32) en el indicador Concentración en el Sector Terciario. Esto implica, que el grueso de los ingresos del sector comercio y servicios son acaparados por un número reducido de empresas, mientras que en ciudades con mayores niveles de competitividad los ingresos están repartidos entre muchos negocios, generando mayor competencia en beneficio de los intereses de los consumidores. Lo anterior, indica que en Villavicencio existen barreras de mercado que impiden que el pequeño comercio capture una parte significativa del pastel económico.

Las grandes superficies y cadenas de tiendas nacionales y extranjeras acaparan el grueso de la facturación, mientras que el pequeño comercio informal se queda con una reducida cuota de mercado, al no contar con la capacidad de competir con las marcas ya consolidadas en el mercado y que gozan de presupuestos abultados para marketing y publicidad. Aunque las grandes superficies generan empleo formal, lo cierto es que las millonarias ganancias de la intermediación salen del circuito económico local hacia Bogotá, Medellín, Cali, Pererira y Barranquilla, desde donde se reparten las utilidades a sus accionistas. Adicionalmente, la oferta de productos locales es prácticamente inexistente en los anaqueles de los hipermercados y tiendas de moda, por lo que su actividad comercial apalanca el empleo en los grandes centros de producción del país, e incluso de otras regiones del mundo. Sumado a lo anterior, la proliferación de las grandes plataformas de comercio electrónico como Temu, Shein, Aliexpress y Amazon, que en muchos casos no pagan aranceles a su ingreso al país por tratarse de micro importaciones, representan un nuevo reto al ya maltrecho pequeño comercio local.

Un ejemplo de ello, de los muchos que podríamos mencionar es que el departamento del Meta a pesar de ser un importante productor de carne bovina y porcina, el proceso de beneficio, aprovechamiento, empaque y etiquetado del producto cárnico se desarrolla en otras ciudades del país (Bogotá y Funza) y luego regresa empacado al vacío, por lo que los villavicenses pagamos un mayor valor. Sin embargo, en el Plan de Desarrollo de la actual Administración municipal se estableció como meta avanzar en la construcción de una planta de sacrificio porcícola en Villavicencio, de tal forma que se aproveche la producción que genera La Fazenda en Puerto Gaitán (Meta), aunque a la fecha no se tiene noticia del avance de este proyecto. Asimismo, la Administración municipal creó la Gerencia Centro con el objetivo de dinamizar la economía del centro de la ciudad, la organización del espacio público, apalancar el pequeño comercio y avanzar en la formalización empresarial. Sin embargo, sin la inyección de recursos de inversión, esta será otra estrategia bienintencionada sin resultados tangibles.

Sumado a la desocupación laboral y el subempleo, la informalidad laboral en Villavicencio, que alcanza al 54% de la población ocupada, se caracteriza por ingresos bajos e inestables, por lo que las familias en Villavicencio tienen escasa capacidad de consumo, perpetuando los altos índices de pobreza y desigualdad. El ICC 2025 evidencia que Villavicencio, a pesar de ser la octava capital del país por número de habitantes, ocupa el puesto 14 en el Pilar Tamaño del Mercado, dado que la demanda agregada doméstica es baja frente a otras capitales del país con menor densidad poblacional. Asimismo, la economía local sigue muy ligada a ciclos de consumo básico y servicios tradicionales, lo que impide aprovechar economías de escala que proyecten la ciudad como un centro logístico o industrial de mayor peso nacional, o incluso de proyección internacional.

Un problema adicional que surge de las altas tasas de informalidad laboral y que ha sido poco discutido a nivel local, es que más de la mitad de la clase trabajadora de la ciudad no cotiza al sistema pensional, lo que se convierte en una bomba de tiempo que tendrá que ser asumida a través del gasto público social, pues la población adulta mayor no contará con los medios suficientes para suplir sus necesidades básicas de subsistencia. Recordemos que por cada peso que se invierte en atención en salud para un niño, se deben invertir $11 para la atención de un adulto mayor, lo que implica, que aunque el gasto en educación disminuirá en el tiempo por la caída acelerada en la tasa de natalidad, los gastos en salud se incrementarán de forma exponencial por el aumento en la población adulta mayor (que pasará del 15% en la actualidad al 25% en 2050). Adicionalmente, la baja cobertura de aseguramiento a riesgos laborales, amenaza a los trabajadores de caer en la pobreza ante cualquier enfermedad o calamidad que les impida generar ingresos durante un periodo prolongado de tiempo.

El análisis del ICC 2025 nos brinda insumos adicionales para una mejor comprensión de diversos factores que ponen en evidencia el panorama de retos estructurales para Villavicencio en el desarrollo de su ecosistema empresarial, marcado por una pérdida de dinamismo frente a otras capitales del país. Villavicencio se raja en el Pilar Sofisticación y Diversificación del Aparato Productivo, con una puntuación de 3,7 de 10 puntos posibles, siendo este el peor desempeño de la ciudad (puesto 25 de 32). En el Pilar Entorno para los Negocios Villavicencio sufrió una de sus caídas más significativas, perdiendo siete posiciones (2025 vs 2024) para situarse en el puesto 19 con una calificación de 5,0. Esta situación es el reflejo de que la economía local está altamente concentrada en actividades terciarias de bajo valor agregado (como comercio minorista informal o servicios básicos) y carece de un equilibrio con otros sectores económicos de mayor complejidad. Asimismo, la oferta de servicios es primordialmente tradicional (hotelería, restaurantes y comercio básico) y no está integrada a cadenas globales de valor o innovación, por lo que se crean empleos con menores requisitos de formación y, por ende, salarios más bajos en comparación con ciudades con una economía más diversificada.

El Pilar Innovación evidencia aspectos clave del rezago de la ciudad en términos de generación de riqueza para sus ciudadanos. Villavicencio enfrenta un reto crítico en su capacidad para generar propiedad intelectual y conocimiento aplicado. En el contexto nacional, la ciudad muestra una baja tasa de registros de patentes y diseños industriales por cada 100 mil habitantes. Esto indica que, aunque hay actividad comercial y de servicios y una capacidad instalada amplia por la presencia de más de 30 universidades, esto no se traduce en soluciones originales o tecnologías propias que nos permita competir en mercados de alto valor agregado. La articulación entre la academia y el sector productivo es prácticamente inexistente; la cantidad de grupos de investigación en categorías superiores (A1 y A) y su vinculación con empresas locales sigue siendo insuficiente. Mientras ciudades como Bogotá, Medellín o Manizales han creado «distritos de innovación», Villavicencio aún opera bajo un modelo de servicios tradicionales que no demanda ni financia Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de manera constante.

Un tema del que poco se habla en la ciudad y que es el resultado del desajuste del mercado laboral es la «fuga de cerebros»; miles de jóvenes formados en el sistema educativo local que se ven obligados a desplazarse hacia los grandes centros de producción nacional o incluso migrar del país en busca de oportunidades laborales. El municipio de Villavicencio invierte cada año más de un tercio del presupuesto municipal para financiar escuelas y colegios públicos ($460 mil millones en 2026), lo que sumado a los recursos que destina el gobierno nacional para la financiación de las matrículas en las universidades públicas, SENA, ESAP, UNAD, más el presupuesto que invierten las familias de Villavicencio en la educación de sus hijos desde el preescolar hasta la universidad, es sin lugar a dudas, una inversión sin retorno para la ciudad y para el tejido empresarial local.

Por lo anterior, podemos afirmar que las fallas estructurales del mercado laboral, como consecuencia de la escasa diversificación del aparato productivo, es de lejos el principal problema que aqueja a los villavicenses, pues el mercado de trabajo es determinante en el desarrollo económico, la movilidad social, la generación de riqueza, el ingreso de los hogares y el recaudo de impuestos para financiar el desarrollo local. Por lo tanto, se deben implementar diversas estrategias que permitan un desarrollo económico y social integral,así; 1. Atraer inversión privada que genere empleo de calidad, 2. Apalancar las empresas de manufactura para mejorar su capacidad productiva (especialmente agroindustria), 3. Incentivar las compras locales (públicas y privadas), 4. Desarrollar una canasta exportadora de alto valor agregado, 5. Las universidades deben trabajar de la mano con el sector productivo para apalancar los procesos de innovación, 6. La oferta de educación superior debe migrar hacia carreras STEM, 7. Consolidar un ecosistema emprendedor de base tecnológica, 8. Desarrollar la industria del turismo internacional, 9. Mejorar la productividad y competitividad del campo, y 10. Incentivar la formalización empresarial y laboral.

¿Qué otras iniciativas considera que contribuyen a dinamizar la economía local y generar mejores oportunidades de empleo para los villavicenses?

El desempleo baja y la informalidad sube: El desalentador panorama del mercado laboral en Villavicencio

El DANE publicó las cifras de empleo, desempleo e informalidad laboral del trimestre noviembre 2025 – enero 2026. Villavicencio se mantiene como una de las tres ciudades capitales con menor tasa de desempleo del país (7,7%), después de Bogotá y Manizales. Sin embargo, la informalidad laboral subió hasta el 52,9%, en contra vía de la tendencia de las 13 ciudades capitales y áreas metropolitanas que presentaron un importante descenso en el último año. De otra parte, la desocupación juvenil en Villavicencio se mantuvo en 12,2% sin ninguna variación en el último año, demostrando una ralentización en las dinámicas de empleo y enciende las alarmas por las graves deficiencias estructurales en el mercado de trabajo que afectan la calidad de vida de los hogares.

Comparación 13 ciudades capitales vs. local

En las 13 ciudades y áreas metropolitanas, la tasa de desocupación descendió -0,8 puntos porcentuales (p.p.), pasando de 9,4% a 8,5%. En Villavicencio, la tasa se ubicó en 7,7%, -0,3 p.p. por debajo del mismo trimestre del año anterior (8%). Aunque la ciudad se mantiene entre las tres capitales con menor desempleo, el ritmo de mejora es más lento que el promedio nacional. En desempleo juvenil, las 13 ciudades registraron una reducción de -1,3 p.p. (de 16,3% a 15%). En contraste, Villavicencio permaneció en 12,2%, sin variación frente al año anterior. En informalidad laboral, mientras el promedio de las 13 ciudades cayó -1,1 p.p. (de 42,1% a 41%), Villavicencio aumentó levemente de 52,8% a 52,9%, profundizando una tendencia en contravía al comportamiento nacional.

Indicador13 Ciudades y A.M.VillavicencioVariación Local vs. 13 Ciudades y A.M.
Desempleo general9,4% → 8,5% (-0,8 p.p.)8% → 7,7% (-0,3 p.p.)Ralentización
Desempleo juvenil16,3% → 15% (-1,3 p.p.)12,2% → 12,2% (0 p.p.)Estancamiento
Subocupación7,2% → 6,4% (-0,8 p.p.)6,8% → 8,3% (+1,5 p.p.)Retroceso
Informalidad laboral42,1% → 41% (-1,1 p.p.)52,8% → 52,9% (+0,1 p.p.)Tendencia Contraria
Fuerza de trabajo potencial1667 mil → 636 mil (-5%)9 mil → 15 mil (+61%)Alerta Crítica

Actualmente, Villavicencio cuenta con 257 mil personas ocupadas, de las cuales 136 mil son trabajadores informales y 23 mil están subocupadas (desean trabajar más horas a la semana o esperan un empleo más acorde a su formación y experiencia). Adicionalmente, 21 mil personas buscan empleo activamente y 15 mil personas (desmotivados) esperan mejores condiciones del mercado laboral para iniciar una búsqueda activa de empleo. Por lo tanto, más de la mitad de los trabajadores en Villavicencio percibe ingresos de subsistencia inferiores al salario mínimo, limitando la movilidad social y generando una alta vunerabilidad por carencia de protección social.

Contexto Internacional: Colombia en la OCDE

El problema no es solo local. Frente a los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Colombia presenta la mayor tasa de informalidad entre sus miembros, el tercer lugar con el mayor porcentaje de empleos temporales y una de las mayores tasas de desocupación del bloque (8,5% frente a un promedio OCDE de 4,9%). Esta realidad compromete la sostenibilidad fiscal futura y la calidad del crecimiento económico, lo que se refleja en; precarización de ingresos, una generación que no tendrá acceso a la pensión de vejez, fuga de talento joven, ocupación informal del espacio público y un ecosistema emprendedor de bajo valor agregado. Si no se corrige esta tendencia, la ciudad continuará atrapada en un modelo de baja productividad y empleo precario, donde el grueso de la población no vive sino sobrevive.

Propuestas para una agenda laboral real

Aunque existen una infinidad de alternativas para la generación de empleo y el autoempleo de calidad, es importante que se de una discusión en torno a la eficiencia de la instituciones a la hora de brindar soluciones e implementar acciones puntuales que incidan en la realidad de nuestro mercado laboral:

  1. Revisar la permanencia de la Secretaría de Competitividad y Desarrollo, que ejecuta recursos cercanos a los $10 mil millones anuales sin un impacto real. Se debe evaluar su transformación para que los recursos de funcionamiento se destinen a programas directos que impacten la productividad y empleo.
  2. Aprovechar proyectos tipo del DNP con recursos del Sistema General de Regalías – SGR, especialmente en empoderamiento económico de mujeres y poblaciones vulnerables. Villavicencio cuenta con cerca de $66 mil millones en regalías para el bienio 2025–2026.
  3. Exigir mayor liderazgo de la Cámara de Comercio de Villavicencio – CCV en desarrollo empresarial y competitividad regional, una de sus tres funciones misionales.
  4. Poner en marcha el Centro de Fomento Empresarial municipal, creado hace más de dos años pero aún inactivo por falta de voluntad política
  5. Fortalecer el Fondo Público Económico de Desarrollo Local, midiendo su impacto en número de empleos formales generados.
  6. Diversificar la oferta técnica y tecnológica en instituciones de educación superior, alineándola con las necesidades productivas regionales.
  7. Fortalecer la inspección laboral por parte del MinTrabajo, garantizando cumplimiento normativo y protección de derechos, lo que se debe traducir en formalización laboral.
  8. Convocar al menos $20 mil millones anuales en alianza con el SENA – Fondo Emprender (SENA aporta $0,8 por cada peso de aliados), Alcaldía, Gobernación, Ecopetrol, CCV y sector privado.
  9. Posicionar a Villavicencio como destino turístico internacional (salud, educación, naturaleza y MICE).
  10. Impulsar agroindustria y transformación local, ampliando y tecnificando áreas de producción agropecuaria hacia productos que ya se están exportando (cacao, cachama, café, carne premium, guayaba, gulupa, lima tahití, madera de reforestación y muebles, mangostino, maracuyá, papaya, rambután, tilapia, etc.).
  11. Implementar estrategia “Villavo Compra Local”, fortaleciendo calidad de productos locales y conciencia ciudadana.
  12. Alianzas comerciales con grandes superficies y cadenas nacionales para posicionar productos locales en anaqueles de cadenas de retail (Ara, Éxito, Carulla, Olímpica, D1, tiendas de barrio, etc.).

Villavicencio no necesita más diagnósticos sectoriales, ni políticas públicas sin presupuesto, ni anuncios de nuevas alianzas de papel: necesita decisiones estratégicas, articulación institucional y metas medibles en términos de generación de empleo formal. La Administración Municipal no se debe quedar en el discurso grandilocuente de la baja tasa de desocupación, la Administración debe asumir con responsabilidad uno de los mayores retos que enfrenta la ciudad y es sentar las bases para la diversificación del aparato productivo y la generación de empleo de calidad. No podemos seguir permitiendo que nuestros jóvenes emigren en búsqueda de oportunidades por nuestra incapacidad de brindarles alternativas de desarrollo personal y profesional, que miles de familias siguan sumidas en la pobreza por que sus ingresos son insuficientes para sostener una vida digna y que la población siga envejeciendo sin una pensión que garantice su mínimo vital. Es hora de asumir con altura el reto más importante que tenemos como ciudad; mejorar la calidad de vida de los ciudadanos a partir de la generación de empleo de calidad.

  1. Fuerza de trabajo potencial: son las personas dentro de la población fuera de la fuerza de trabajo que han manifestado su interés en trabajar ↩︎

Meta 2040: el informe de McKinsey que redefine la hoja de ruta económica para el departamento

Un reciente estudio de la firma consultora internacional McKinsey & Company, titulado Seizing the moment: Latin America’s productivity opportunity, ubica a Colombia entre las economías de la región con mayor potencial de crecimiento de cara al 2040. El informe destaca siete sectores a priorizar con los que el país podría alcanzar un crecimiento superior al 50% en su PIB en los próximos 15 años; productos agrícolas, frutas y vegetales, biocombustibles y biogás, gas natural, servicios de TI, business process outsourcing (BPO) e industria de centros de datos. Asimismo, resalta la oportunidad para América Latina de incursionar en el sector de Manufactura de Próxima Generación (vehículos eléctricos, baterías, semiconductores y dispositivos médicos), dada su cercanía con Estados Unidos, lo que reduce a la mitad los tiempos de entrega y costos logísticos frente a los grandes centros de producción asiáticos.

Surge entonces una pregunta clave: ¿cuál es el papel del Meta en este nuevo escenario económico y qué oportunidades tenemos para insertarnos en las cadenas globales de valor?. Actualmente, el Meta se ubica como el octavo departamento por PIB a nivel nacional, impulsado por la producción petrolera (cerca de 50% del PIB departamental). Sin embargo, en el Índice Departamental de Competitividad (IDC 2025) el Meta se ubicó en el puesto 16, lo que evidencia que las rentas petroleras no se han traducido en productividad, empleo formal ni diversificación del aparato productivo, a pesar de que se han hecho importantes esfuerzos de prospectiva dirigidos a crear las condiciones para que el departamento logre escalar hacia actividades de mayor valor agregado.

Producto de estos esfuerzos, en el año 2011 la Gobernación del Meta publicó un importante informe titulado Meta Visión 2032: territorio integrado e innovador, en el que se planteó un escenario de apuesta económico‑tecnológico para el departamento. Allí se proyectaba que, junto con la economía petrolera, el turismo y la agroindustria se consolidarían como base de la fortaleza económica, mientras la masificación de TIC y la apropiación de la ciencia y tecnología disparaban la innovación y la creación de empresas de base tecnológica. El petróleo no solo se veía como recurso, sino como base de una economía industrial más compleja, con refinación, producción de abonos y polímeros, articulada con centros de investigación y desarrollo para la agroindustria.

En esa visión, el Meta aparecía como el cluster agroindustrial, turístico y petrolero del oriente colombiano, con el piedemonte llanero especializado en biotecnología y aprovechamiento sostenible de la biodiversidad. Sin embargo, luego de 15 años, la realidad es que el departamento no ha logrado consolidarse como un polo agroindustrial de referencia para el país, ni como centro de innovación tecnológica regional. El ecosistema emprendedor de base tecnológica es incipiente, la academia no genera patentes ni marcas, el departamento sigue por fuera de los flujos crecientes de turistas internacionales y la actividad petrolera continúa reducida a la extración y transporte del crudo.

El informe de McKinsey ofrece insumos para la construcción de una nueva hoja de ruta para América Latina que el Meta no puede ignorar si quiere mejorar su posición competitiva frente a otras regiones del país y del continente; revitalizar la base industrial, aprovechar la digitalización y potenciar sus ventajas naturales. Aunque el Meta no parte de cero en este esfuerzo, sí parte de un modelo basado en la explotación de recursos no renovables con altas rentas petroleras (enfermedad holandesa), más no sobre la capacidad productiva, el empleo de calidad y la innovación sistemática, lo que ha generando una brecha creciente entre su potencial productivo y su desempeño económico real.

Cuatro apuestas para el Meta

En ese contexto, la primera gran apuesta para el Meta es convertir su vocación agropecuaria en una agroindustria de alto valor y la bioeconomía, articulada con cadenas de agroalimentos, bioproductos y servicios logísticos. El sector agropecuario, con base en ganadería, palma, arroz, frutas tropicales, entre otros, puede escalar mediante tecnificación, riego y transformación local, emulando modelos como el de Mato Grosso, en Brasil, con seguridad jurídica en tenencia de la tierra, encadenamientos eficientes, acceso a insumos agrícolas claves y acceso al crédito. Un salto de productividad en el campo permitiría aumentar el PIB sin ampliar la frontera agrícola, lo que sumado a amplias extensiones de tierras disponibles y baja presión demográfica, generaría nuevos empleos formales.

La segunda apuesta cruza el petróleo con la transición energética y la infraestructura estratégica, reconociendo que el Meta es uno de los motores de hidrocarburos del país, pero también un escenario con ventajas en energía alternativas (fotovoltaica y bicombustibles de segunda generación) y conectividad. El reto es que la renta petrolera financie la infraestructura estratégica necesaria para la conectividad regional, la educación técnica, proyectos de energías renovables, centros de datos y minería sostenible, construyendo un puente hacia una economía menos vulnerable a los choques de los precios internacionales del crudo. En este punto, el Meta se alinea con la visión de McKinsey sobre la importancia de la energía y los recursos naturales en el crecimiento regional, sin depender exclusivamente de la extracción petrolera.

En tercer lugar, la apuesta por servicios intensivos en conocimiento y digitalización permite que el departamento compita en sectores de alto valor agregado, como software, BPO y servicios empresariales digitales. La cercanía horaria y cultural con Estados Unidos, la base de talento joven y la creciente oferta de conectividad posicionan al Meta como un posible hub tecnológico de la Orinoquía, más allá de su rol tradicional de proveedor de commodities. Para ello se requiere una gran apuesta por diversificar la oferta formativa en disciplinas STEM (biotecnología, nanociencia, bioinformática, genética, química, física, medicina, desarrollo de aplicaciones web/móviles, ciberseguridad, big data, robótica, telecomunicaciones, ingeniería informática, electrónica, mecánica, biomédica, matemáticas, estadística, análisis de sistemas, economía cuantitativa, etc.).

En cuarto lugar, la apuesta por el turismo y servicios territoriales avanzados permite que el departamento aproveche su diversidad natural, cultural y logística para generar ingresos estables y de actividades productivas diversificadas. El reto es pasar de un modelo de eventos aislados y turismo de fin de semana hacia un sistema de productos turísticos integrados (naturaleza, MICE, salud, educación), que aumenten el gasto y la estancia de los visitantes. El posicionamiento internacional del Meta como destino, el aeropuerto internacional de la Orinoquía, la construcción de infraestructura y el apoyo técnico y financiero a las diferentes rutas turísticas, son pasos necesarios para el desarrollo de la industria del turismo.

Si el Meta logra avanzar de manera coherente en estas cuatro apuestas, puede aspirar a ubicarse como el quinto PIB del país hacia 2040, detrás de Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca y Santander, con una estructura económica más diversificada. Este escenario no es automático, pues requiere que la ventaja comparativa en recursos naturales, tamaño territorial y cercanía a mercados se convierta en ventaja competitiva mediante inversión, regulación adecuada y formación de capital humano. El Meta puede dejar de ser un eslabón pasivo en la cadena nacional y posicionarse como un actor regional con capacidad de atracción de inversión nacional y extranjera.

Para lograrlo, el departamento debe implementar una agenda de condiciones habilitantes que vaya más allá de proyectos aislados de bajo impacto, como ha ocurrido con los recursos de regalías en los últimos 20 años que se ha esfumado sin dejar una capacidad instalada. Una política agresiva de formación técnica y superior, vinculada a agroindustria, energía, servicios digitales y turismo, junto con formación estratégica en operación, sostenibilidad y seguridad de infraestructuras digitales críticas. La creación de instrumentos efectivos para atraer inversión, como Zonas Económicas Especiales, Zonas Francas, clústeres y alianzas público‑privadas, alineados con las apuestas de alta productividad identificadas en el informe de McKinsey.

La mejora de la gobernanza y la planificación de largo plazo es fundamental para garantizar la estabilidad de proyectos de 10–15 años, sin caer en el vaivén de prioridades entre gobiernos departamentales y municipales. La inversión en infraestructura y conectividad, ampliación de saneamiento y modernización de servicios urbanos es un facilitador básico de la competitividad regional, que facilita el transporte de bienes, la movilidad de personas y la llegada de visitantes y empresas de servicios.

Finalmente, el Meta no necesita más diagnósticos sobre su potencial, ni promesas en época electoral. Requiere un gran pacto por la productividad y el desarrollo sostenible, cuyos protagonistas deben ser el sector privado y gremios, la academia, centros de investigación y desarrollo tecnológico, autoridades ambientales, asociaciones campesinas, comunidades étnicas, entidades nacionales e internacionales, compañías petroleras y la comunidad en general, conscientes de que los planes de desarrollo departamental y municipales deben evaluarse año a año con metas claras en términos de incremento del PIB per cápita, número de empleos formales creados, crecimiento de la inversión privada, valor de las exportaciones e ingresos por turismo extranjero, con proyección al 2040. Esto transformaría la hoja de ruta de 2011 en resultados concretos sobre el territorio, abriendo un sinfín de oportunidades y mejorando la calidad de vida de los metenses

10 elementos clave para entender los efectos del incremento del salario mínimo en Colombia para 2026

El Gobierno nacional fijó por decreto el incremento del salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV) para los colombianos y que regirá a partir del 01 de enero de 2026. En este post destacamos 10 factores que nos ayuden a entender los impactos de esta decisión histórica en la vida de los colombianos.

1. La inflación proyectada (IPC) para el cierre de 2025 es del 5,26% y el incremento de la productividad de los factores fue del 0,91%. Por lo tanto, el incremento del SMMLV se estimaba en por lo menos el 6,22%.  Sin embargo, los sindicatos solicitaron un incremento del 16% y los empresarios ofrecían un incremento del 7,2%. Finalmente, el Gobierno Nacional fijó por decretó un incremento del 23,78%. 

2. El incremento del salario mínimo muy por encima del IPC es una deuda histórica del país con la clase trabajadora de menores ingresos, lo que se traduce en un aumento de su poder adquisitivo y por ende, en una mejora en su calidad de vida. Este incremento beneficiará a cerca de 2,4 millones de trabajadores, es decir, el 10% de la población ocupada del país.

3. Sin embargo, el gran peso del ajuste salarial recaerá sobre los pequeños productores y la clase media que no gozará de un incremento similar en sus ingresos, pero sí verá como muchos servicios públicos ligados al SMMLV se incrementarán, así como el alza en el precio de los bienes de la canasta básica familiar dada una inflación acelerada, reduciendo su poder adquisitivo, ya maltrecho durante el gobierno de @petrogustavo por el incremento en el precio de los combustibles y su efecto directo en los demás bienes y servicios de la canasta familiar.

4. Los pensionados del país que devengan un salario mínimo gozarán del incremento decretado por el Gobierno nacional, es decir, recibirán en 2026 la suma de $1.750.905 mensuales. Para los demás pensionados que devengan más de un salario mínimo su ingreso se reajustará de acuerdo a la inflación acumulada para el año 2025, la cual se proyecta en 5,26%. Por lo tanto, estos últimos perderán poder adquisitivo en el año 2026.

5. Los colegios privados podrán incrementar las matrículas entre el 5,26% y un tope máximo del 9,1% de acuerdo a lo definido por el Ministerio de Educación Nacional. Sin embargo, sus costos de operación se incrementarán drásticamente. Asimismo, los estudios de posgrados (especializaciones y maestrías) en universidades públicas, que en su mayoría están ligados al SMMLV, tendrán un incremento del 23,78%. 

6. El costo de cuota moderadora en las EPS se incrementará en un 23,78%, así como los comparendos y multas de tránsito, SOAT, trámites notariales, tarifas de parqueaderos, entre otros servicios públicos ligados al SMMLV. Asimismo, el costo de vivienda VIS y VIP se incrementará en un 23,78%, mientras que la UVR se incrementará vía mayor inflación.

7. Los contratistas del Estado y de la empresa privada bajo la modalidad de Contrato de Prestación de Servicios que devenguen hasta $4.377.262 pagarán por concepto de salud, pensión y riesgos laborales la suma de $499.008 mensuales. Por lo tanto, un contratista que devengue honorarios mensuales por valor de $3.000.000, obtendrá en 2026 un ingreso  anual similar al de un trabajador que devengue el salario mínimo. Esto bajo el supuesto que el contratista trabaje 11 meses al año.

8. El alza en el salario mínimo generará un incremento en los costos de producción de bienes y servicios, especialmente los intensivos en mano de obra. Estos costos serán trasladados al consumidor final vía alza de precios. Asimismo, se espera un incremento sustancial en la productividad laboral, dada la necesidad de optimizar la nómina de personal en las empresas. Igualmente, se espera un incremento en la informalidad laboral, un alza en las tasa de interés por parte del Banco de la República y un incremento en el costo del crédito.

9. Se requiere del Gobierno Nacional generar estrategias para incentivar el empleo formal; vigilancia y control por parte del Ministerio del Trabajo, fortalecer iniciativas como el Fondo Emprender del SENA, Centros de Reindustrialización ZASCA, Colombia Productiva, entre otros, y crear programas de reconversión laboral.

10. Incrementar la producción nacional de bienes de consumo masivo a través de crédito para MiPymes, asistencia técnica integral, transferencia tecnológica y compras públicas a pequeños productores, así como una política de sustitución de importaciones con beneficios fiscales que impulse la demanda de empleo formal en el sector manufacturero.

Adidionalmente, la coyuntura actual representa un desafío titánico para varios departamentos y municipios del país —entre ellos, el departamento del Meta—, que se verán obligados a incrementar el recaudo de los ingresos corrientes de libre destinación (ICLD) en la misma proporción del aumento del salario mínimo, so pena de descender de categoría. A ello se suma la presión sobre los gastos de funcionamiento derivado del incremento en el costo de la nómina. Finalmente, las Empresas Industriales y Comerciales del Estado (EICE), como el caso del EAAV ESP EICE, cuyas convenciones colectivas están atadas al ajuste del SMMLV, verán reducida su capacidad de inversión, por lo que los mayores costos de operación serán tranferidos a los usurios en las facturas de servicios públicos.

Villavicencio entre las tres ciudades del país con mayor alza en el costo de vida

Villavicencio registró una variación anual del Índice de Precios al Consumidor – IPC de 5,99 %, superior al promedio nacional (5,51 %), reflejando presiones persistentes en los precios de bienes y servicios básicos, especialmente en alimentación, educación y vivienda. Este dato ubica a la capital del Meta entre las tres ciudades con mayor inflación del país, superando a ciudades como Bogotá (5,80 %), Medellín (5,44 %), Barranquilla (5,40%) y Cali (5,05 %), pero por debajo de Bucaramanga (6,17 %) y Pereira (6,02 %), las dos ciudades con mayor incremento del IPC en el último año.

Restaurantes y hoteles con un crecimiento del 9,20% es la división de gastos que mas ha contribuido al incremento de la inflación en Villavicencio en el último año. Los precios de comidas fuera del hogar siguen al alza, impulsados por los costos adicionales asociados al abastecimiento de agua, así como el incremento del costo de energía y alimentos procesados. Por lo tanto, la carencia en el suministro constante de agua potable (durante cerca de seis meses) genera un efecto multiplicador de la inflación, especialmente por la necesidad que tienen hogares y empresas para abastecerse de fuentes alternativas más costosas.

La inflación superior al promedio nacional que experimenta Villavicencio, sumado a fallos en la prestación de servicios básicos, puede conducir a una espiral de precariedad; más gasto en lo básico, menos ahorro, menor capacidad de consumo y menor crecimiento económico regional.

Las cuatro siguientes divisiones de gastos que más han impulsado el incremento del costo de vida para los hogares villavicenses son; Alimentos y bebidas no alcohólicas (7,95 %) dado el encarecimiento de cereales, carnes y lácteos por mayores costos logíticos por el cierre de la Vía al Llano, Educación (7,83 %) por el ajuste de matrículas y pensiones educativa, Muebles, artículos para el hogar y conservación (7,28 %) por mayores costos de importación y Salud (5,37 %) por un aumento en precios de medicamentos, servicios particulares y atención especializada.

Este comportamiento evidencia una inflación local de naturaleza estructural, más relacionada con el costo de los servicios básicos como agua potable, salud y educación, que con los choques de oferta. Los hogares de ingresos medios y bajos son los más vulnerables, pues destinan una mayor proporción del gasto a bienes y servicios básicos cuyo crecimiento supera el promedio nacional. Si se mantiene la actual tendencia, Villavicencio podría cerrar 2025 con una inflación anual superior al 6%, por encima de la proyección del Banco de la República (5,1 %). Esto sugiere que la ciudad podría tardar más en consolidar la estabilidad de precios, especialmente si persisten las deficiencias en la prestación de servicios básicos y los incrementos tarifarios en energía, aseo y educación.

Qué dicen los indicadores del DANE sobre la evolución del mercado laboral en Villavicencio? 

Les estadisticas del #MercadoLaboral publicadas por el @DANE_Colombia el pasado 31 de octubre de 2025 revelan que la #TasaDeDesocupación para el periodo julio-septiembre 2025 se ubicó en el 6,6% por lo que #Villavicencio es actualmente la segunda ciudad del país con la menor tasa de desempleo, experimentando una caída de -3,6 p.p. frente al 10,2% registrado en el 2024.

La #TasaGlobalDeParticipación (TGP) para el periodo julio-septiembre 2025 se ubicó en el 65,8%, mientras que en el mismo periodo de 2024 se ubicó en el 66,9%, lo que indica que en #Villavicencio la población en busca activa de empleo ha disminuido (y por ende disminuye la tasa de desocupación). Lo anterior, se explica, entre otros factores;

  • Porque muchas personas tras largos periodos de búsqueda sin encontrar trabajo se desaniman y dejan de buscar empleo,
  • Un mayor porcentaje de jóvenes continúa su proceso de formación técnica y profesional, por lo que salen de las estadísticas de empleo y desempleo,
  • La baja industrialización y alta dependencia del comercio, la agricultura y el empleo público, limita la calidad y cantidad del empleo formal, desanimando a los trabajadores más calificados, y
  • Un mayor número de personas con bajo nivel educativo o en condición de vulnerabilidad se dedica a actividades informales, por lo que dejan de buscar empleo formal.

La #TasaDeInformalidad laboral se ubicó en el 51,5%, la misma cifra que registra el DANE para el mismo periodo de 2024, mientras que las 13 ciudades y áreas metropolitanas y el promedio nacional continúan disminuyendo. Por lo tanto, el comportamiento de la tasa de informalidad laboral en Villavicencio continúa en contravía a la tendencia nacional.

Las cifras del DANE para Villavicencio muestran un mercado laboral con menor desempleo, pero con alta informalidad y limitada generación de empleo de calidad.

Finalmente, de los 271 mil villavicenses que componente la fuerza de trabajo (ocupados y desocupados); 123 mil cuentan con un empleo formal, 131 mil se encuentran en la informalidad laboral (no cuentan con cobertura de seguridad social; salud, pensión y ARL) y 18 mil se encuentran desempleados. Asimismo, ocho mil componen la fuerza de trabajo potencial (personas que se encuentran fuera de la fuerza de trabajo y que tienen interés en trabajar) y cerca de 20 mil villavicenses tienen el deseo manifiesto de mejorar sus ingresos, el número de horas trabajadas o contar con un empleo más acorde a sus competencias.

Las cifras de informalidad laboral evidencian un problema estructural del mercado laboral en Villavicencio, por lo que se debe generar una estrategia de intervención integral en tres frentes; 1. Reconversión del tejido empresarial, 2. Fortalecimiento de los clusters con mayor potencial en la generación de empleo formal, y 3. Formalización laboral a través de campañas de sensibilización, incentivos fiscales y de capital, apoyo técnico y metodológico y vigilancia y control. Es fundamental contar con la participación activa del Ministerio del Trabajo, Cámara de Comercio de Villavicencio, COFREM, Secretarías de Competitividad departamental y municipal, gremios de transporte, vendedores informales, academia, cooperación internacional, comunidad en general y medios de comunicación local.

#DANE #MercadoLaboral #Empleo #Desempleo #Informalidad #Villavicencio #Meta #Competitividad #EconomíaRegional

20 Retos que enfrenta Alexander Baquero como Alcalde de Villavicencio 2024-2027

Para nadie es un secreto que Felipe Harman entrega el municipio de #Villavicencio con cifras historicas de endeudamiento y un retroceso en materia de seguridad, empleo, movilidad, entre otras problemáticas causadas por la inoperancia, improvisación, inexperiencia y carente gestión que caracterizaron su estilo de gobierno. Los villavicenses no soportamos cuatro años más sin que se resuelvan los problemas neurálgicos que afectan de manera directa la calidad de vida de todos y cada uno de quienes habitamos la ciudad, por lo que el control social debe ser irrestricto y sin contemplaciones a la hora de exigir resultados.

Esto implica que el Alcalde entrante, Alexander Baquero Sanabria, tiene tres asuntos prioritarios en su primer año de gobierno; primero, construir un Plan de Desarrollo concertado con las comunidades, la academia, gremios y demás actores económicos, políticos, sociales, culturales y ambientales; segundo, avanzar de manera rápida en las victorias tempranas que permitan demostrar su capacidad de gestión en los primeros cien días de gobierno; y tercero, resolver de manera oportuna los problemas heredados de la anterior Administración, que podrían generar tropiezas y afectar disciplinaria, fiscal y penalmente a los funcionarios entrantes.

Para afrontar este importante reto el Alcalde requiere un equipo de alto rendimiento, proactivo, capaz de superar rápidamente la curva de aprendizaje y con la capacidad de gestionar y poner en marcha, en articulación con el gobierno nacional, departamental y la cooperación internacional, los proyectos estratégicos que conduzcan a avances significativos en la mejora en la calidad de vida de los villavicenses.

En este post menciono los 20 retos más relevantes que considero enfrentará el nuevo Alcalde y que servirán para medir su gestión en el corto, mediano y largo plazo son:

Servicios Públicos

1. Garantizar el suministro permanente de agua potable a hogares y empresas.

Seguridad Ciudadana

2. Disminuir las altas tasas de inseguridad que presenta la ciudad, especialmente el hurto a personas, hurto a motocicletas, homicidios y tráfico de estupefacientes, a partir del uso de la tecnología y labores de inteligencia. Por lo tanto, es importante recuperar el sistema de cámaras de videovigilancia, fortalecer el centro de mando y control y fortalecer las capacidades de inteligencia y contrainteligencia de la fuerza pública.

Movilidad y Transporte

3. Modernización de la red semafórica con sistema inteligente que permita ajustar los tiempos al flujo vehicular en las diferentes horas del día. Lo anterior, acompañado de un mejor comportamiento de los actores viales y la organización del tráfico podrían conducir a la suspensión del pico y placa.

4. Construcción de pasos a nivel en intersecciones viales que permitan mejorar el flujo vehicular. Se podrían priorizar las intercepciones del antiguo Hotel Rosado, ingreso al sector de Amarilo y el Parque de Banderas.

5. Reemplazo de la capa asfáltica en las principales vías urbanas de la ciudad. Villavicencio no resiste cuatro años más de sólo reparcheos en su malla vial.

6. Organización del transporte público urbano de pasajeros para evitar la guerra del centavo que afecta la movilidad. Se debe establecer con concesionarios de transporte urbano la fijación de un salario fijo para conductores de autobuses y establecer los paraderos para cargue y descargue de pasajeros.

7. Adoptar una campaña de seguridad y cultura vial que disminuya los índices de accidentalidad y fatalidad en las vías del municipio.

8. Gestionar ante el Gobierno Nacional la meta del Plan Nacional de Desarollo de construir un aeropuerto de carga y pasajeros para Villavicencio, lo que dinamizará el turismo con el ingreso de nuevos operadores aéreos.

Competitividad y Generación de Empleo

9. Disminuir la tasa de desempleo e informalidad laboral, sentando las bases para la transformación del aparato productivo a partir de la generación de valor agregado.

10. Consolidar el ecosistema emprendedor de la ciudad que brinde oportunidades de empleo y autoempleo, especialmente a jóvenes, mujeres cabeza de hogar y discapacitados.

11. Seguridad alimentaria a partir del incremento del área de producción agropecuaria, generando nuevos empleos y un mejor aprovechamiento de las capacidades locales.

12. Potenciar la industria del turismo, especialmente el turismo educativo, de salud y de naturaleza para la generación de nuevos puestos de trabajo.

Educación

13. Avanzar en la estrategia de bilingüismo y formación en nuevas tecnologías para la cuarta revolución industrial en escuelas y colegios públicos y la implementación de la doble jornada educativa.

Medio Ambiente

14. Construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales – PTAR que evite que las aguas negras de la ciudad descolen en el Río Ocoa sin el más mínimo tratamiento como ocurre actualmente.

15. Descontaminación de los ríos y quebradas que recorren la ciudad a partir de la conexión al servicio de alcantarillado de viviendas y empresas ubicadas en las riberas de los afluentes hídricos.

Salud

16. Mejorar y ampliar la capacidad de atención en salud de primer nivel con la prestación de servicios especializados como pediatría, ginecología y obstetricia y dotación de equipos de diagnóstico en los centros de salud del municipio.

Espacio Público

17. Avanzar en la reubicación de vendedores informales garantizando sus formalización, mejorando su ingresos y a su vez, recuperando el espacio público.

18. Embellecimiento de la ciudad a partir de labores de ornato en parques, andenes, mantenimiento de la infraestructura pública, etc., a partir de la revisión del contrato con Bioagrícola del Llano o la creación de una Oficina de Ornato Municipal.

Vivienda

19. Disminuir el déficit de vivienda con una estrategia que permita el acceso a vivienda propia a la clase media y familias de escasos recursos económicos, con especial énfasis en los hogares ubicados en zonas de alto riesgo.

Cultura y Deporte

20. Fortalecer escuelas deportivas, academias de danza y folclor y demás iniciativas que fomenten el deporte y la cultura en articulación con colegios y escuelas de la ciudad, de tal forma que haga parte del proceso de formación integral de niños, niñas y adolescentes.

Finalmente, son cuatro años en los que se puede avanzar de manera satisfactoria en estos 20 frentes de trabajo, para lo cual dispone de un presupuesto anual superior a un billon de pesos, y aunque no es una tarea fácil, lo más importante es contar con la voluntad política, la capacidad de gestión, de resolución de problemas y la generación de estrategias innovadoras para sacar adelante la ciudad y posicionar a Villavicencio como un referente de desarrollo de la Orinoquía y del país.

¿Qué otros retos se deben tener en cuenta para evaluar la gestión de la actual Administración de Villavicencio?

9 Aspectos clave que revela el DANE sobre pobreza en el Meta

Los recientes datos publicados por el DANE (2023) relacionados con pobreza multidimensional revelan algunos aspectos claves para entender la evolución de la pobreza y la desigualdad en el departamento del Meta y genera información útil a la hora de ajustar la política pública departamental entorno a la superación de la pobreza, la desigualdad y la injusticia social.

1. El Departamento del Meta presenta un descenso en el Índice de Pobreza Multidimensional – IPM al pasar de 14,1% en 2020 al 11,3% en 2022, mientras que el promedio nacional se redujo del 18,1% al 12,9% en el mismo periodo.

2. Aunque el Meta mejoró su desempeño en el IPM en los últimos dos años, el Departamento no logra avanzar al mismo ritmo del promedio nacional; la reducción del Departamento del Meta fue de tan sólo 2.8 puntos porcentuales (p.p.), mientras que la caída del promedio nacional fue de 5.2 p.p.

3. La proporción de privaciones entre las personas en situación de pobreza multidimensional no disminuyó, por el contrario se incrementó en los últimos dos años al pasar del 40,4% en 2020 a 40,6% en 2022. Es decir, las personas que continúan en situación de pobreza multidimensional sus condiciones no mejoraron en el periodo 2020 – 2022.

4. Frente a los avances logrados en el periodo 2020-2022 podemos destacar; las Barreras de acceso a servicios de salud se redujeron en un 25%, en materia de niñez y juventud el indicador Inasistencia escolar disminuyó un 74% (esta disminución se puede explicar por el efecto pandemia durante el año 2020), en vivienda el indicador Material inadecuado de paredes exteriores se redujo en un 32%, en materia de servicios públicos el indicador sin acceso a fuente de agua mejorada se redujo en un 17%  y Desempleo de larga duración disminuyó en un 13%.

5. Los indicadores en los que el Departamento del Meta presenta el mayor retroceso podemos destacar; en niñez y juventud el indicador Trabajo infantil aumentó un 25% y se incrementaron las Barreras de acceso a servicios para cuidado de la primera infancia en un 11%, en materia de vivienda el Hacinamiento crítico se incrementó en un 18%, y en materia de servicios públicos la Inadecuada eliminación de excretas se incrementó en un 30%.

6. En materia educativa el Departamento del Meta presenta uno de sus peores desempeños; el analfabetismo se incrementó en un 7%, el Bajo logro educativo se incrementó en un 4% y el indicador Rezago escolar se incrementó en un 6%. Es importante resaltar que durante el año 2022 el 44,8% de los niños, niñas y adolescentes presentaron bajo logro educativo y el 27,5% presentaron rezago escolar.

7. En materia de empleo, aunque el indicador Trabajo informal mostró un leve descenso, sigue siendo supremamente alto y se ubica en el 74,8% en 2022, siendo este el indicador que más afecta la calidad de vida de las familias vulnerables y por lo tanto, el que mayor atención merece a la hora de implementar estrategias para la superación de la pobreza y el hambre en el departamento del Meta.

8. Al analizar los indicadores del IPM del departamento del Meta frente al promedio nacional observamos que el Departamento muestra un desempeño superior en dos indicadores: inadecuada eliminación de excretas y desempleo de larga duración, mientras que en los indicadores bajo logro educativo, rezago escolar, inasistencia escolar y trabajo informal el Departamento presenta un desempeño por debajo del promedio nacional.

9. Finalmente, se puede concluir que el departamento del Meta enfrenta importantes retos para el próximo cuatrienio especialmente en dos aspectos; 1. Desarrollo del mercado laboral y por ende la transformación del aparato productivo que garantice la formalización empresarial y la generación de empleo de calidad, y 2. Inversión en cobertura, calidad y pertinencia de la educación para los niños, niñas y adolescentes. No hay que olvidar que la educación es el mecanismo más eficiente para la superación de la pobreza y el hambre.

Estos datos deben servir como referente para que los metenses le exijan a la clase política dirigente una mayor inversión en educación para la infancia y adolescencia y la generación de empleo formal a partir del desarrollo del aparato productivo. No existe justificación alguna para que el departamento del Meta siendo el mayor productor de hidrocarburos del país continúe arrastrando estas vergonzosos cifras de pobreza y desigualdad social. Lo que nos indica que el problema no es la falta de recursos, el problema es que los recursos y capacidades con los que contamos han estado mal administrados.