Pese a su crecimiento demográfico e importantes recursos invertidos en desarrollo económico, Villavicencio enfrenta un preocupante estancamiento de su aparato productivo dado que el grueso de la economía local se basa en la intermediación y el consumo más que en la producción y transformación, lo que limita la generación de riqueza y la movilidad social. El mercado laboral es estructuralmente débil y se caracteriza por su escaso valor agregado, bajos salarios y alta informalidad. El Comercio y reparación de vehículos sigue siendo el empleador número uno con cerca de 64 mil personas ocupadas, seguido por la Administración pública, salud y educación con 36 mil puestos de trabajo. De acuerdo a las cifras del DANE en la última década (2015-2025) la ciudad sumó cerca de 66 mil personas en edad de trabajar y se crearon tan solo 35 mil nuevos puestos de trabajo, el 87% de ellos se concentra en el sector terciario de la economía (comercio y servicios).
A pesar de nuestra vocación agroindustrial, el sector agropecuario y la industria manufacturera aportaron tan solo 1.700 puestos de trabajo, es decir, menos del 5% del total de los nuevos empleos generados en los últimos 10 años. Paradójicamente, la Administración Pública, defensa, educación y salud generó en el mismo periodo cerca de 5.400 nuevos puestos de trabajo (15%), lo que representan una carga fiscal excesiva dado que los ingresos públicos no crecen al mismo ritmo de los gastos de funcionamiento, limitando la capacidad de inversión en proyectos estratégicos para el desarrollo. Adicionalmente, los ciudadanos perciben que la seguridad ciudadana, la oferta de servicios de salud, educación y la calidad en la prestación de los servicios públicos domiciliarios se han deteriorado, por lo que el incremento de la burocracia no se traduce en una administración pública más eficiente.
Villavicencio no tiene un problema de desempleo, tiene un problema de calidad del empleo. El mercado laboral de la ciudad es precario, poco dinámico y de baja productividad.
El empleo en la industria manufacturera se caracteriza por su bajo dinamismo a pesar de ser un sector de especial relevancia por su aporte significativo en la generación de riqueza. La Secretaría de Competitividad y Desarrollo de Villavicencio ha ejecutado recursos por más de $100 mil millones en la última década, sin que los resultados en términos de transformación del aparato productivo, diversificación de la canasta exportadora, consolidación de un ecosistema emprendedor o formalización del empleo sean evidentes. Si a lo anterior le sumamos los esfuerzos de la Cámara de Comercio de Villavicencio, el SENA, Ecopetrol, la Secretaría de Competitividad y Desarrollo departamental, así como los programas del gobierno nacional, la cooperación internacional e incluso, las iniciativas de proyección social de las universidades, podríamos decir que la falta de integralidad en las intervenciones no ha generado un impacto significativo en el tejido empresarial local.

Las disparidades en el crecimiento del empleo en la industria manufacturera, frente al empleo público, nos obliga a repensar el camino que debe seguir la ciudad en términos de desarrollo de su mercado laboral y el tamaño del Estado. Como se puede observar, el sector terciario ocupa el 81% de la fuerza de trabajo y genera el 70% del Producto Interno Bruto – PIB local. Sin embargo, el Índice de Competitividad de Ciudades – ICC 2025 revela que Villavicencio ocupa la penúltima posición (puesto 31 de 32) en el indicador Concentración en el Sector Terciario. Esto implica, que el grueso de los ingresos del sector comercio y servicios son acaparados por un número reducido de empresas, mientras que en ciudades con mayores niveles de competitividad los ingresos están repartidos entre muchos negocios, generando mayor competencia en beneficio de los intereses de los consumidores. Lo anterior, indica que en Villavicencio existen barreras de mercado que impiden que el pequeño comercio capture una parte significativa del pastel económico.
Las grandes superficies y cadenas de tiendas nacionales y extranjeras acaparan el grueso de la facturación, mientras que el pequeño comercio informal se queda con una reducida cuota de mercado, al no contar con la capacidad de competir con las marcas ya consolidadas en el mercado y que gozan de presupuestos abultados para marketing y publicidad. Aunque las grandes superficies generan empleo formal, lo cierto es que las millonarias ganancias de la intermediación salen del circuito económico local hacia Bogotá, Medellín, Cali, Pererira y Barranquilla, desde donde se reparten las utilidades a sus accionistas. Adicionalmente, la oferta de productos locales es prácticamente inexistente en los anaqueles de los hipermercados y tiendas de moda, por lo que su actividad comercial apalanca el empleo en los grandes centros de producción del país, e incluso de otras regiones del mundo. Sumado a lo anterior, la proliferación de las grandes plataformas de comercio electrónico como Temu, Shein, Aliexpress y Amazon, que en muchos casos no pagan aranceles a su ingreso al país por tratarse de micro importaciones, representan un nuevo reto al ya maltrecho pequeño comercio local.
Un ejemplo de ello, de los muchos que podríamos mencionar es que el departamento del Meta a pesar de ser un importante productor de carne bovina y porcina, el proceso de beneficio, aprovechamiento, empaque y etiquetado del producto cárnico se desarrolla en otras ciudades del país (Bogotá y Funza) y luego regresa empacado al vacío, por lo que los villavicenses pagamos un mayor valor. Sin embargo, en el Plan de Desarrollo de la actual Administración municipal se estableció como meta avanzar en la construcción de una planta de sacrificio porcícola en Villavicencio, de tal forma que se aproveche la producción que genera La Fazenda en Puerto Gaitán (Meta), aunque a la fecha no se tiene noticia del avance de este proyecto. Asimismo, la Administración municipal creó la Gerencia Centro con el objetivo de dinamizar la economía del centro de la ciudad, la organización del espacio público, apalancar el pequeño comercio y avanzar en la formalización empresarial. Sin embargo, sin la inyección de recursos de inversión, esta será otra estrategia bienintencionada sin resultados tangibles.
Sumado a la desocupación laboral y el subempleo, la informalidad laboral en Villavicencio, que alcanza al 54% de la población ocupada, se caracteriza por ingresos bajos e inestables, por lo que las familias en Villavicencio tienen escasa capacidad de consumo, perpetuando los altos índices de pobreza y desigualdad. El ICC 2025 evidencia que Villavicencio, a pesar de ser la octava capital del país por número de habitantes, ocupa el puesto 14 en el Pilar Tamaño del Mercado, dado que la demanda agregada doméstica es baja frente a otras capitales del país con menor densidad poblacional. Asimismo, la economía local sigue muy ligada a ciclos de consumo básico y servicios tradicionales, lo que impide aprovechar economías de escala que proyecten la ciudad como un centro logístico o industrial de mayor peso nacional, o incluso de proyección internacional.
Un problema adicional que surge de las altas tasas de informalidad laboral y que ha sido poco discutido a nivel local, es que más de la mitad de la clase trabajadora de la ciudad no cotiza al sistema pensional, lo que se convierte en una bomba de tiempo que tendrá que ser asumida a través del gasto público social, pues la población adulta mayor no contará con los medios suficientes para suplir sus necesidades básicas de subsistencia. Recordemos que por cada peso que se invierte en atención en salud para un niño, se deben invertir $11 para la atención de un adulto mayor, lo que implica, que aunque el gasto en educación disminuirá en el tiempo por la caída acelerada en la tasa de natalidad, los gastos en salud se incrementarán de forma exponencial por el aumento en la población adulta mayor (que pasará del 15% en la actualidad al 25% en 2050). Adicionalmente, la baja cobertura de aseguramiento a riesgos laborales, amenaza a los trabajadores de caer en la pobreza ante cualquier enfermedad o calamidad que les impida generar ingresos durante un periodo prolongado de tiempo.
El análisis del ICC 2025 nos brinda insumos adicionales para una mejor comprensión de diversos factores que ponen en evidencia el panorama de retos estructurales para Villavicencio en el desarrollo de su ecosistema empresarial, marcado por una pérdida de dinamismo frente a otras capitales del país. Villavicencio se raja en el Pilar Sofisticación y Diversificación del Aparato Productivo, con una puntuación de 3,7 de 10 puntos posibles, siendo este el peor desempeño de la ciudad (puesto 25 de 32). En el Pilar Entorno para los Negocios Villavicencio sufrió una de sus caídas más significativas, perdiendo siete posiciones (2025 vs 2024) para situarse en el puesto 19 con una calificación de 5,0. Esta situación es el reflejo de que la economía local está altamente concentrada en actividades terciarias de bajo valor agregado (como comercio minorista informal o servicios básicos) y carece de un equilibrio con otros sectores económicos de mayor complejidad. Asimismo, la oferta de servicios es primordialmente tradicional (hotelería, restaurantes y comercio básico) y no está integrada a cadenas globales de valor o innovación, por lo que se crean empleos con menores requisitos de formación y, por ende, salarios más bajos en comparación con ciudades con una economía más diversificada.
El Pilar Innovación evidencia aspectos clave del rezago de la ciudad en términos de generación de riqueza para sus ciudadanos. Villavicencio enfrenta un reto crítico en su capacidad para generar propiedad intelectual y conocimiento aplicado. En el contexto nacional, la ciudad muestra una baja tasa de registros de patentes y diseños industriales por cada 100 mil habitantes. Esto indica que, aunque hay actividad comercial y de servicios y una capacidad instalada amplia por la presencia de más de 30 universidades, esto no se traduce en soluciones originales o tecnologías propias que nos permita competir en mercados de alto valor agregado. La articulación entre la academia y el sector productivo es prácticamente inexistente; la cantidad de grupos de investigación en categorías superiores (A1 y A) y su vinculación con empresas locales sigue siendo insuficiente. Mientras ciudades como Bogotá, Medellín o Manizales han creado «distritos de innovación», Villavicencio aún opera bajo un modelo de servicios tradicionales que no demanda ni financia Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de manera constante.
Un tema del que poco se habla en la ciudad y que es el resultado del desajuste del mercado laboral es la «fuga de cerebros»; miles de jóvenes formados en el sistema educativo local que se ven obligados a desplazarse hacia los grandes centros de producción nacional o incluso migrar del país en busca de oportunidades laborales. El municipio de Villavicencio invierte cada año más de un tercio del presupuesto municipal para financiar escuelas y colegios públicos ($460 mil millones en 2026), lo que sumado a los recursos que destina el gobierno nacional para la financiación de las matrículas en las universidades públicas, SENA, ESAP, UNAD, más el presupuesto que invierten las familias de Villavicencio en la educación de sus hijos desde el preescolar hasta la universidad, es sin lugar a dudas, una inversión sin retorno para la ciudad y para el tejido empresarial local.
Por lo anterior, podemos afirmar que las fallas estructurales del mercado laboral, como consecuencia de la escasa diversificación del aparato productivo, es de lejos el principal problema que aqueja a los villavicenses, pues el mercado de trabajo es determinante en el desarrollo económico, la movilidad social, la generación de riqueza, el ingreso de los hogares y el recaudo de impuestos para financiar el desarrollo local. Por lo tanto, se deben implementar diversas estrategias que permitan un desarrollo económico y social integral,así; 1. Atraer inversión privada que genere empleo de calidad, 2. Apalancar las empresas de manufactura para mejorar su capacidad productiva (especialmente agroindustria), 3. Incentivar las compras locales (públicas y privadas), 4. Desarrollar una canasta exportadora de alto valor agregado, 5. Las universidades deben trabajar de la mano con el sector productivo para apalancar los procesos de innovación, 6. La oferta de educación superior debe migrar hacia carreras STEM, 7. Consolidar un ecosistema emprendedor de base tecnológica, 8. Desarrollar la industria del turismo internacional, 9. Mejorar la productividad y competitividad del campo, y 10. Incentivar la formalización empresarial y laboral.
¿Qué otras iniciativas considera que contribuyen a dinamizar la economía local y generar mejores oportunidades de empleo para los villavicenses?