Villavicencio continúa entre las ciudades capitales con menor tasa de desempleo del país, aunque la informalidad laboral sigue siendo significativamente superior al promedio de las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas. De acuerdo con las cifras del DANE, la tasa de desocupación en Villavicencio pasó de 9,0% en el primer trimestre de 2025 a 8,0% en el mismo periodo de 2026, siguiendo la tendencia nacional (que cayó del 10,5% al 9,6%). Asimismo, en materia de informalidad laboral, la ciudad presentó una mejora al disminuir de 53,6% a 51,4% (-2,2 puntos porcentuales). De igual forma, el desempleo juvenil también registró una reducción de 2,9 puntos porcentuales, al pasar de 15,2% a 12,3% en el mismo periodo.
Aunque a primera vista estos resultados podrían interpretarse como una señal clara de mayor dinamismo del mercado laboral local, al observar con mayor detalle las cifras aparecen matices que no deben ignorarse. El problema de fondo no es solo cuántos nuevos empleos se están generando, sino cuál es la calidad de estos empleos. En el último año se generaron cerca de 14 mil nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, más de la mitad de estos se concentraron en actividades relacionadas con la administración pública, la educación y la salud. Sectores que, si bien son fundamentales para la ciudad, dependen en gran medida del gasto público y de decisiones institucionales. Esto plantea una pregunta necesaria: ¿estamos fortaleciendo un tejido productivo sostenible o simplemente ampliando una economía altamente dependiente del gasto público?
Villavicencio enfrenta una paradoja: mejores cifras de desempleo, pero persistentes debilidades estructurales en su mercado laboral.
Al mismo tiempo, sectores estratégicos para la generación de empleo urbano, como la construcción y las actividades inmobiliarias, muestran señales claras de debilitamiento, con una pérdida acumulada de cerca de 3 mil puestos de trabajo en el último año. La ausencia de obras de infraestructura pública, la desaceleración de los proyectos de vivienda de interés social y una menor inversión privada en el sector inmobiliario se traducen en menos oportunidades de empleo formal y de calidad.
A esto se suma un fenómeno que suele pasar desapercibido: cada vez más personas están trabajando, pero no en las condiciones deseadas. La subocupación creció cerca de un 30% en el último año. Actualmente, alrededor de 26 mil villavicenses trabajan menos horas de las que requieren para garantizar niveles de vida adecuado o se desempeñan en empleos que no corresponden a sus competencias. Detrás de este dato hay miles de historias reales: profesionales conduciendo, técnicos subutilizados y jóvenes aceptando cualquier ingreso disponible que les permita subsistir.
Aún más preocupante es el crecimiento de la fuerza de trabajo potencial que aumentó cerca de un 63%, al pasar de 8 mil personas en el primer trimestre de 2025 a 13 mil en el mismo periodo de 2026. Es decir, personas que podrían y quieren trabajar, pero que han dejado de buscar empleo activamente porque perciben que las condiciones del mercado laboral no son favorables. Este indicador es un termómetro claro de la desconfianza de los ciudadanos en la calidad del empleo disponible.
Y, por supuesto, está el elefante en la habitación: la informalidad. Aunque la tasa disminuyó ligeramente, en términos absolutos hay más personas en la informalidad. Actualmente, de las 255 mil personas ocupadas en Villavicencio, cerca de 131 mil se encuentran en esta condición, es decir, dos mil más que el año anterior. Esto implica que el crecimiento del empleo sigue siendo, en buena medida, de baja calidad. No solo significa menor estabilidad e ingresos, sino también menor acceso a la seguridad social y mayor vulnerabilidad económica para miles de hogares.
Celebrar la reducción del desempleo es válido, pero quedarnos ahí sería, en el mejor de los casos, ingenuo. Como ciudad, necesitamos liderazgo. Un liderazgo que entienda que el empleo debe ser sinónimo de calidad de vida para las familias; que promueva la articulación entre el sector público, el sector privado y la academia; y que impulse proyectos estratégicos de infraestructura, vivienda y nuevas apuestas productivas como verdaderos motores de generación de empleo.
El verdadero desafío está en transformar la estructura productiva local, dinamizar sectores estratégicos y generar empleo formal, estable y de calidad. Porque, al final, no se trata solo de tener trabajo, sino de que este permita construir bienestar, estabilidad y futuro para las familias. Y en ese frente, Villavicencio aún tiene una gran tarea pendiente.