Desempeño de Villavicencio según el Índice de Competitividad de Ciudades – ICC 2025

El Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario publicaron los resultados del Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) 2025, que evalúa el desempeño competitivo de las 32 capitales del país. En esta edición, Villavicencio descendió una posición, al pasar del puesto 19 en el ICC 2024 al puesto 20 en el ICC 2025, con una calificación general de 4,76 sobre 10 puntos posibles. La capital del Meta se mantiene en el grupo de ciudades con un nivel de competitividad media-baja.

El resultado refleja una leve pérdida de dinamismo frente al año anterior y evidencia los retos persistentes de la ciudad para consolidarse como un polo regional de innovación, sostenibilidad y productividad. Aunque el descenso es marginal, algunos pilares muestran retrocesos relevantes que podrían afectar su competitividad futura.

Pilares en los que Villavicencio mejoró

En términos de pilares de competitividad, Villavicencio mejoró en cuatro frentes:

  • Educación básica y media (+4 posiciones)
  • Salud (+2 posición)
  • Sofisticación y diversificación (+1 posición)
  • Innovación (+1 posición)

Estos avances confirman una tendencia positiva en capital humano y diversificación productiva. La mejora en educación y salud evidencia la consolidación de políticas sociales más efectivas, mientras que los avances en sofisticación e innovación muestran un incipiente fortalecimiento del tejido empresarial local. Las inicitaivas de la Administración municipal, el gobierno departamental y las políticas macroeconómicas que impulsa el gobierno nacional no han logrado un impacto significativo en la estructura productiva del municipio.

Pilares en los que retrocedió

No obstante, la ciudad retrocedió en cuatro pilares clave:

  • Entorno para los negocios (-7 posiciones)
  • Sostenibilidad ambiental (-7 posiciones)
  • Tamaño de mercado (-2 posiciones)
  • Instituciones (-1 posición)

Estos descensos reflejan los desafíos estructurales que enfrenta la ciudad; deterioro en la gestión ambiental, bajo dinamismo empresarial y debilidades en la gestión pública. En particular, la caída en sostenibilidad ambiental y entorno de negocios alerta sobre la necesidad de políticas más consistentes para fortalecer la gobernanza local, el emprendimiento, la productividad urbana y la generación de empleo formal.

Contexto nacional

Según el informe del ICC 2025, las principales ciudades del país Bogotá, Medellín y Manizales consolidan su liderazgo al mejorar su desempeño general. En contraste, Villavicencio mantiene un progreso más lento, lo que amplía la brecha competitiva con respecto a los centros urbanos de mayor desarrollo. Asimismo, Villavciencio continúa rezagada frente a otras ciudades intermedias como Tunja, Yopal, Montería, Cúcuta, Santa Marta, Popayán, Ibagué y Neiva, las cuales han demostrado un mejor desempeño en términos de competitividad.

El estudio recalca que el ICC 2025 incluye un ajuste metodológico que armoniza la medición de indicadores entre 2019 y 2025. Esto permite comparar de manera más precisa la evolución de las ciudades y confirma que los rezagos de Villavicencio en sostenibilidad e institucionalidad no son coyunturales, sino estructurales. Asimismo, se evidencia que los tres pilares en los que Villavicencio presenta los mayores retos son; Innovación con una puntuación de 1,9 sobre 10, Sofisticación y diversificación con una puntuación de 3,7 y en el pilar Infraestructura y equipamiento, con una puntuación de 3,8.

Balance general

En síntesis, el desempeño de Villavicencio en el ICC 2025 muestra un balance negativo, en términos generales, al descender una posición en el ranking nacional, especialmente por el retroceso en pilares como sostenibilidad, entorno empresarial e instituciones, a pesar de presentar avances en educación, salud y diversificación económica. La ciudad conserva su potencial como eje logístico y agroindustrial del oriente colombiano, aunque requiere una estrategia integral que priorice la innovación, la formalización laboral, la sostenibilidad ambiental y una mejor gestión pública como ejes del desarrollo, que mejoren la calidad de vida de los villavicenses.

Fuente: Consejo Privado de Competitividad y Universidad del Rosario, Índice de Competitividad de Ciudades – ICC 2025.

El Departamento del Meta pierde competitividad y se incrementa la inseguridad, el desempleo y la pobreza extrema

Transcurrido el 80% del periodo de gobierno de Marcela Amaya como Gobernadora del Meta y con una ejecución presupuestal que supera los cuatro billones de pesos, los ciudadanos nos preguntamos cuál ha sido el impacto de la gestión de la actual administración en el mejoramiento de la calidad de vida de los metenses. Para ello, consideramos cuatro importantes indicadores; seguridad, competitividad, pobreza y empleo, los cuales nos permiten una evaluación del desempeño de la Gobernadora y su gabinete.

De acuerdo al Índice Departamental de Competitividad el Departamento del Meta ha perdido dos posiciones en dicho ranking durante el gobierno de Marcela Amaya al pasar de la 11ª posición en el año 2015 a la 13ª posición en el año 2018. La pérdida de competitividad del Departamento se explica principalmente por el deterioro de la calidad y cobertura en la prestación de los servicios de salud y de educación, la escasa sofisticación del aparato productivo y la reducción del tamaño del mercado. La desaceleración de la economía local ha generado que cientos de micro, pequeños y medianos empresarios se hayan visto obligados a cerrar sus establecimientos de comercio por la pérdida de poder adquisitivo de los metenses. Sin embargo, el Departamento se destaca por un importante avance en el pilar de infraestructura.

Esa clase media fragil que empezaba a consolidarse en el Departamento gracias al boom petrolero se ve fuertemente afecta por la falta de una política pública que permita palear la contracción de la economía local, generando un incremento en el índice de pobreza del 15% en los últimos tres años. El Meta pasó de tener cerca de 218.000 personas pobres en 2015 a más de 250.000 en 2018. En pobreza extrema se presenta un crecimiento del 30% en el mismo periodo, es decir, el Departamento pasó de tener alrededor de 58.000 personas en extrema pobreza en 2015 a más de 76.000 en 2018. Por lo tanto, en el periodo del actual gobierno más de 51.000 metenses han caido en la trampa de pobreza. Paradójicamente, Colombia y el resto del mundo presenta una reducción progresiva en los índices de pobreza.

En lo que respecta a la generación de empleo, principal fuente de ingreso de los hogares, el Departamento del Meta ocupó el primer lugar a nivel nacional en crecimiento de población desempleada en el periodo 2016 – 2017 y actualmente se encuentra entre los tres departamentos con mayor tasa de desempleo del país. La tasa de desocupación pasó del 10,2% en 2015 al 12,2% en 2017 y el último dato del DANE señala que el desempleo sigue creciendo en la capital del Departamento al ubicarse en 13% en enero de 2019. Es decir, en el Departamento del Meta actualmente más de 62.000 personas se encuentran en búsqueda de una oportunidad laboral que les permita satisfacer sus necesidades básicas.

En el tema de seguridad el Departamento también presenta un alarmante incremento de actos delictivos como hurto a personas, hurto a residencias, lesiones personales, delitos sexuales, abigeato, amenazas, entre otros hechos que evidencian la incapacidad de las fuerzas militares y de policía de garantizar la seguridad de los metenses. No obstante, como resultado del proceso de paz con las FARC-EP se ha presentado un leve descenso en la tasas de homicidios y de actos terroristas en el Departamento.

A partir de este desalentador panorama surgen diversas inquietudes: 1) El objetivo del Plan de Desarrollo «Meta tierra de oportunidades» era realmente generar oportunidades para los ciudadanos o simplemente poner el presupuesto público al servicio de los grandes contratistas del Departamento, 2) Teniendo en cuenta los pésimos resultados que se evidencian desde el primer año de gobierno de Marcela Amaya, porqué no se hicieron los ajustes que permitieran mejorar el impacto económico y social del gasto público?, 3) Cuál ha sido el papel de la Asamblea del Meta como órgano de control político y coadministrador del Departamento?, 4) Qué acciones han emprendido los senadores y representantes a la cámara por el Meta para evitar los nefastos resultados de la actual administración? y finalmente, 5) Nos enfrentamos a una clase política ambiciosa, mezquina e indolente o sencillamente nuestros líderes carecen de la capacidad de resolver los principales problemas de los ciudadanos?.

Es importante que quede claro la necesidad de un balance entre la inversión en infraestructura física y la inversión social. La generación de empleo, el desarrollo del capital humano, la mejora de la calidad y cobertura en la prestación de los servicios de salud y la consolidación de un aparato productivo capaz de competir en los mercados internacionales deben ser la prioridad para el próximo gobierno. Los ciudadanos debemos ser conscientes que la calidad de nuestros gobernantes es el producto de las buenas o malas decisiones que tomemos a la hora de ejercer nuestro derecho al voto.

El departamento del Meta no se puede dar el lujo de seguir perdiendo la oportunidad de lograr posicionarse como un pólo de desarrollo tecnológico, turístico, agroindustrial y de negocios a partir de la optimización de la inversion de los excedentes de capital que generan las rentas petroleras. Estos recursos, con los que no contaremos en un par de años, son indispensables para construir una tierra de progreso y desarrollo para todos.

El Meta, un Departamento rico con gente pobre

El departamento del Meta es el mayor productor de petróleo del país; cuenta con importantes reservas de gas natural; dispone de más de un millón de hectáreas para la agricultura; abundantes recursos hídricos y biodiversidad representada en más de siete mil especies de fauna y flora que lo proyectan como un destino turístico de talla mundial; un alto porcentaje de la población en edad de trabajar; mano de obra calificada gracias a la presencia de una veintena de universidades y centros de formación técnica y tecnológica; ubicación geoestratégica que le permite acceder a un mercado de más de ocho millones de consumidores a tan solo 90 km y ser el centro de comercio más importante de la Orinoquia; un alto potencial eólico y solar para proveer de energías renovables al país; clima de dos estaciones y abundantes precipitaciones que permiten la producción agrícola durante los 12 meses del año; entre otros factores que la convierten en una de las regiones con mayores ventajas comparativas de América Latina.

A pesar de este panorama que nos llevaría a pensar que la población cuenta con las mejores condiciones de vida, la realidad es que en el Departamento del Meta habitan más de 230 mil personas en la pobreza y otras 60 mil en la pobreza extrema; con altos índices de desnutrición y mortalidad infantil por falta de acceso a alimentos y por enfermedades prevenibles; altas tasas de desempleo, informalidad y precariedad laboral; inseguridad, problemas de movilidad y escasa infraestructura en los centros urbanos; educación de baja calidad, escasa cobertura rural y barreras de acceso a la educación superior; déficit de vivienda urbana y rural; un alto índice de pobreza multidimensional rural superior al 75% en más de la mitad de los municipios; entre otros graves problemas que hace que mucho ciudadanos lleven una vida de miseria y desesperanza en medio de la riqueza de la región.

Aunque existen diversos factores que han generado dicha situación, como el conflicto armado y el abandono del Estado, también es cierto que ha existido una pésima gestión del desarrollo desde el ámbito local en los últimos años. De acuerdo al Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard, el Departamento del Meta presenta una de las estructuras productivas con menor nivel de complejidad del país, lo que no permite avances significativos en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, toda vez que la economía no genera la riqueza y empleos necesarios para absorber la mano de obra disponible.

Datlas Meta

Es inexplicable que en una región de vocación agrícola y pecuaria, una agencia de las Naciones Unidas como es el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas – PMA tenga que hacer presencia distribuyendo alimentos a la población de escasos recursos económicos y a las comunidades indígenas como medida para mitigar el hambre. Esta situación que personalmente me parece vergonzosa, debe llevarnos a reflexionar frente a la forma en que se gestiona el desarrollo económico y social del Departamento. Considero que el Meta no debería ser un receptor de ayuda humanitaria, sino por el contrario ser donante de la misma, por ejemplo a través de alianzas con agencias de cooperación internacional y entidades sin ánimo de lucro que permita la producción, embalaje, transformación y distribución de alimentos, especialmente a regiones como Chocó y Guajira y países pobres como Haití, Etiopía, Somalia, Sierra Leona, Congo, etc., lo que salvaría millones de vidas de niños que mueren de hambre cada año y de paso se generaría empleo en nuestro Departamento.

El Departamento del Meta por desgracia ha contado con una clase dirigente mezquina, avara y desinteresada por la solución de los problemas de los ciudadanos. Afirmación que la historia política del Departamento en los últimos años demuestra; desde un empresario que incursionó en la política y resultó involucrado en hechos de corrupción; pasando por un experimentado contratista elegido para repartir contratos en la época de mayor bonanza petrolera, lo que resultó como poner el lobo a cuidar las ovejas; hasta un exsecuestrado desinformado, desactualizado y descontextualizado, elegido por la compasión de los votantes, que poco o nada le aportó al Departamento y que finalmente hereda el poder para tapar sus desaciertos, continuar ostentando el poder tras bambalinas y disponer de los recursos públicos para apalancar las próximas elecciones. (Lea también: ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para evitar la corrupción en Colombia?)

En lo que respecta a congresistas y senadores el panorama no es diferente, son los mismos personajes que se rotan los diferentes puestos de gobierno y representación movidos únicamente por satisfacer su codicia, tarea que se facilita puesto que la delgada línea que separa el presupuesto público del bolsillo de los políticos ha desaparecido. La clase política del Meta se ha convertido en un parásito enquistado en las instituciones, gozando de impunidad ya que como cualquier mafia organizada, se vale de toda clase de artimañas para evadir el cerco de la justicia y lograr perpetuarse en el poder.

La corrupción, el mal manejo de los recursos públicos, la complicidad, benevolencia y permisividad de los votantes hace que el ciclo de pobreza y subdesarrollo parezca no tener fin. Por lo tanto, está en manos de los ciudadanos exigir resultados reales a partir del aprovechamiento del potencial de la región, de tal forma que se traduzca en más y mejores ingresos para los hogares del Meta. (Lea también: A propósito del informe de los primeros 100 días de gobierno del Alcalde de Villavicencio).